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| Aventuras de un Vividor |
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No es la única confesión que se permite Errol Flynn, que se atreve a comenzar el libro en una de las etapas más duras de su vida, cuando, después de más de 40 películas, su carrera se fue al traste y se convirtió en un moroso afincado en Europa. Acompañado del vodka, su mejor aliado según él, el actor estuvo varios años arruinado, convertido en un “vagabundo” que, por primera vez en su vida, comenzaba a hacer preguntas: “¿Cómo ha ocurrido esto? ¿Qué haces? ¿Quién eres? ¿Cómo puede un hombre vivir hasta los cuarenta y seis o cuarenta y siete años y entonces empezar a hacerse preguntas? ¿Quién soy yo? ¿Qué estoy haciendo con este maletín médico? ¿Adónde voy? ¿Es así como debe acabar un hombre”. El maletín al que se refiere Flynn era su propiedad más preciada: alcohol y vasos para servirse había en su interior. Hastiado de su condición de “símbolo fálico”, como él mismo dice, en aquellos años 50 que conocieron este declive quiso reiventarse a sí mismo, pero fue de nuevo el cine el que se aprovechó de él para, ahora, jugar con su aspecto deteriorado ofreciéndoles personajes de perdedores. De héroe a gañán. |



En Aventuras de un vividor, autobiografía que Errol Flynn publicó en 1959 y que ahora edita en España T&B, el actor dice estar harto de las espadas. Esto cobra especial significado en boca del que fuera uno de los espadachines más populares de Hollywood (El capitán Blood, El príncipe y el mendigo, Robin de los Bosques, El señor Ballantry…).